Carlos Fuentes sigue vivo

A veces sólo un amor nos salva de un contexto…

…una historia tórrida que te aisla de titulares turbios que encienden el desasosiego, o una historia en consonancia con los tiempos, que se apaga, que promete el peor de los finales, y que causa el dolor suficiente como para que todo lo demás sea irrelevante. Y la pasión. La pasión en medio de la lucha por sobrevivir, acorde con las circunstancias, la pasión vivida o la anhelada.

Con esta idea de convivencia entre escenarios es como recuerdo que conocí a Carlos Fuentes, cuando el catedrático de literatura hispanoamericana Juan Manuel García Ramos puso en mis manos Diana, o la cazadora solitaria, la historia de dos en medio de un sólo México, contemporáneo. Hay escritores que tienen esa pericia de cruzarte el alma activando todos los canales necesarios que hacen que te entregues a la lectura, yendo desde lo particular a lo general, conectando las intrahistorias al mundo, aunque este a veces esté viniéndose abajo. Tras Diana vinieron Los años con Laura Díaz, Los Cinco Soles de Méjico y La Muerte de Artemio Cruz, y el seguimiento a sus artículos en la prensa internacional. Carlos Fuentes ha sido y será una referencia de su tiempo y de mis lecturas.

Pero ayer, a través de internet, conocimos a otro Carlos Fuentes. Una parte del mundo celebraba el día del padre y su hija Cecilia,  hija de su primer matrimonio, publicaba una carta de amor y reproches al pensador, al ensayista, al novelista que no supo ser su padre:

Querido Apá:

¿Habrás sabido alguna vez cuánto te quise y cuánto te extrañé siempre? Hace muchos años iniciaste una nueva vida con una nueva familia y por alguna razón, decidiste tratar de borrar de tu historia a mi mamá y a mí. Algo imposible porque existimos, porque tuvimos un pasado, porque compartimos momentos reales y porque sé que, a pesar de tu aparente rechazo al cariño y al calor humano, alguna vez me quisiste y me cuidaste. Ahora que leo las cartas que le escribiste a mi mamá durante los quince años que estuvieron juntos, lo compruebo. Siempre había un dibujito para mí, o palabras tiernas o de preocupación. Yo sé que jamás logré ser la hija que hubieras soñado, pero lo intenté. No. No soy ni alta ni guapa ni sofisticada ni delgada ni culta ni interesada en la política, pero hice mi mejor esfuerzo estudiando y trabajando, siempre tratando de que me abrieras un lugarcito en tu vida. Nunca lo logré.


Jamás pienses que no admiré y respeté tu brillantez, tu imaginación y tus logros. Fuiste un gran maestro y un gran amigo de muchos. Pero nunca te interesó aprender lo que significaba ser padre. Tú te lo perdiste y ahora sólo puedo imaginar la tristeza que te ha de haber causado el que yo, tu hija menos consentida, fuera la única que aún ronda por esta tierra.
Ya no estás con nosotros, pero te siento y te recuerdo todo el tiempo. Extrañaré las comidas domingueras en tu casa, el cómo contabas, actuabas, cantabas y bailabas la última película que habías visto la noche anterior, ya fuera de Tongolele o de Libertad Lamarque. Extrañaré tus escasas pero muy apreciadas llamadas telefónicas sin intermediarios, abrazar tu barriguita. Extrañaré tus dedos chuecos, el descifrar tu espantosa letra en esas gigantescas hojas de block amarillo dónde escribías tus libros que luego yo pasaba en limpio, el enviar tus manuscritos a las editoriales verte bajar las escaleras, pararte de la mesa para ir a tomar la siesta o comerte un mango y cucharadas de cajeta.

(…)

Fuentes sigue vivo, sigue escribiéndose.  Tras habernos dejado el pasado 15 de mayo, de forma inesperada, la cultura latinoamericana lamentaba su partida y, pese a peticiones como la de Chavela Vargas: “Silencio, por favor. Mi gran amigo Carlos Fuentes se fue”, dijo la artista, en este mes los homenajes no han parado de sucederse.  El 13 de junio, en Casa América de Madrid se leyó  de forma continuada, entre unos 38 invitados, Aura. Escritores, lectores, actores, periodistas,  cantantes… dieron vida a la obra. Para mí ha sido un placer ser parte de los que allí estuvieron, y agradezco enormemente la oportunidad que me ha brindado Casa América, porque el novelista ha sido un padre encargado de guiarme hasta otros libros, otros autores, otras miradas de una Latinoamérica emergente, revulsiva y llena de vida. Cecilia echa de menos la figura del padre de carne y hueso que en vida siempre echó de menos. No le faltan motivos. El mundo recordará siempre el hombre de fisiología imponente y voz analítica que no recibió el Nobel, pero que el mismo Vargas Llosa sabe que estaba a la altura de las exigencias de cualquier academia.

 

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s