Comunicación y poder. La potencia de las nuevas redes para movilizar

Escrache es la palabra que hemos sumado a nuestro léxico político estas semanas, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca utiliza el método surgido en Argentina para llamar la atención públicamente a aquellos que tendrían posibilidades de modificar la ley a favor de los que se encuentran en el trámite del desahucio, 101.034 sólo en 2012, según el Consejo General del Poder Judicial. El escrache incomoda, hace daño a los políticos, y es difícil de combatir cuando es impulsado a través de un movimiento que cuenta con mayor prestigio y apoyo social que cualquier partido, según las encuestas. ¿A qué responde?

Este momento de empoderamiento ciudadano, impulsado por las consecuencias de la crisis a realizar cualquier acto de defensa de sus intereses, ha motivado no sólo las acusaciones de la delegada del Gobierno en Madrid, que ha respondido vinculando con filoetarras a esta plataforma ciudadana, es decir, apelando a ese miedo básico instalado en la memoria social española hacia las prácticas terroristas, entendemos que para provocar rechazo y descrédito hacia la PAH, hoy tan influyente, sino lo que es más peligroso, la activación de una ciudadanía hasta ahora pasiva, que puede resultar incontrolable si llegara el caso de un estallido social, se está conteniendo desde la preparación de borradores como el del Código Procesal Penal que recoge la si_no_hay_justicia_hay_escrache

condena de prácticas como el escrache u otras menos agresivas, en detrimento de la capacidad del ciudadano para poder manifestar públicamente su disconformidad ante las acciones políticas, e incluso, se va a  limitar el derecho de información de los medios de comunicación, porque el Gobierno entiende que lo que no se cuenta mediáticamente no existe, y entiende bien.

El poder de la comunicación, lo que se difunde y lo que se omite, el poder de los medios de comunicación, de la información, y ahora el poder surgido entre los ciudadanos que se relacionan entre sí y que son capaces de movilizarse a través de  las múltiples redes, una vez más (ahora que ha conseguido que miles de ciudadanos se solidaricen y actúen en conjunto defendiendo causas comunes, como puede ser la PAH en España o la defensa de los derechos de los homosexuales estos días de nuevo en Estados Unidos) necesita ser puesto en la primera línea de análisis y se revela como el eje fundamental de buena parte de las reacciones actuales del poder. Pero antes de ello, permítanme otro ejemplo de esa potencia que tiene la comunicación, y cómo intenta ser controlada. Esta semana se han dado a conocer las intenciones del FBI de tener acceso a las comunicaciones de herramientas como Gmail o de todo aquello que publicamos en la nube, como en Dropbox o incluso Skype, lo cual, nos pone sobre la pista del valor que tienen los actuales medios y, por cierto, ante la vulnerabilidad que nos encontramos en nuestra  “intimidad” virtual.

Explica el profesor Manuel Castells en su libro Comunicación y Poder que la comunicación nace socializada, es el proceso de compartir un significado a partir del intercambio de información. Las relaciones de poder se construyen en el ámbito de la comunicación y aunque el Estado posee un ejercicio fundamental en la construcción del poder, no es el Estado quien construye el poder, sino es la comunicación; el Estado sólo asegura que el poder sea instaurado.

Repasando la lectura del libro de Castells, lo realmente vinculante para los ciudadanos no es lo que se dice en los medios, sino lo que no se dice. La política que no es mediática no existe, no influye en los procesos de la sociedad. Entonces, toda política es mediática. Y los castells_2009medios son el espacio en el que se construye el poder.

¿Y qué necesita la política para ser mediática? Precisa de mensajes simples y poderosos,  el más sencillo es un rostro humano, el básico es el miedo, el terror, el más poderoso: la confianza. La estrategia fundamental ante el adversario es entonces destruir la confianza, la credibilidad de las personas, por eso, el mismo sociólogo nos recuerda cómo los factores fundamentales en los cambios de regímenes, de líderes, en cualquier época en cualquier nación, se consiguen a través del escándalo. Si logra destruirse la reputación y la confianza, se logra todo lo demás.

Lo interesante de todo esto es que el proceso de comunicación, de creación y divulgación de mensajes de persuasión ya no está sólo dentro de estructuras mediáticas tradicionales, que funcionan al dictado del  Sistema;  las redes sociales, todas las redes, han conseguido abrir el abanico y desatar poderes acotados que hoy son temidos por la clase política, que en este momento en todo el mundo se halla bajo la presión de que dos tercios de los ciudadanos no se sienten representados por ella. La pregunta es: ¿sabrá el ciudadano utilizar el poder de la comunicación? 

Este post de hoy es sólo una invitación a la lectura del libro de Manuel Castells publicado en 2009 y de rigurosa actualidad, si no necesidad, y en su defecto, a la escucha de este video de la Universidad Complutense de Madrid que recoge una conferencia dada por el autor en la que sintetiza buena parte de los contenidos. Una joya para los amantes de la comunicación política.

El profesor Manuel Castells junto con el rector de la UCM, el periodista y sociólogo Manuel Campo Vidal y la periodista Mayte Pascual.
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