Escrache en Ourense, o cómo faltó la estética

Sólo hay que pasarse por la sección de opinión de cualquier diario de nuestro país en este domingo para darse cuenta de toda la opinión, en todos los sentidos, que genera el escrache. Sobre el hecho en sí podríamos debatir desde el punto de vista jurídico, ético, social, histórico, etc., pero también sobre las respuestas al mismo. En este caso, llevo semanas lamentando que los víctimas de este desahogo social no hayan acudido a los buenos asesores, si no antes a la ética, para actuar de la manera más efectiva y luego hasta quizá efectista. Sin embargo, ayer en el periódico El País se publicaba este video en el que vi el inicio  de un intento de comunicación entre las partes:

Captura El País

El diputado del PP de Ourense llega a su casa, tras la llamada de su hijo que estaba dentro escuchando las alzadas demandas, y acaba escuchando las denuncias de los vecinos. Si se ve el video, los ciudadanos pueden llegar a manifestarle qué les desagrada y cuáles son sus reivindicaciones, y él permanece hasta que aquello se diluye. No es perfecto, pero le ha funcionado para apagar la inicial vehemencia del grupo de la PAH que arrancaba con esta primera inserción en el escrache.

El político gallego actúa con ese sentido común que da el trabajar en las administraciones locales, el contacto directo con sus electores hace que prime la prudencia y, aparentemente, aunque a contra gusto, mantiene la compostura. Y he ahí mi interés por este video. Delgado hubiera acertado del todo si su lenguaje corporal no lo delatase. Si en vez de evidenciar que “sufre” mientras el deber le hace aguantar el palo, si su escucha hubiera sido más activa y se hubiera consumado con un discurso de compromisos, si su mirada no hubiera estado buscando refugios, mientras aguantaba, con el gesto incómodo, apretando la boca, y si su cuerpo, lejos de querer huir del mal trago, hubiese mostrado que entiende las críticas, aunque no comparta las formas, seguramente habría acabado dando una lección ejemplar de cómo paralizar, al menos, estos escraches locales que podrían irse multiplicando mientras no se legisle a favor de tantos ciudadanos en situaciones precarias. O así  lo veo yo, que necesitamos la ética, sin olvidar la estética.

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