Reflexiones tras #ACOBilbao2016

La mañana que amanecimos con la noticia despertó los miedos de un país que se revelaba xenófobo y envejecido, lleno de nostalgias del imperio británico. Días después, habiendo pasado por una cadena de dimisiones más o menos coherentes, inesperadas, tras un buen número de convocatorias populares de ‘pro-remain’; y al haber visto a buena parte de la población británica mostrar la misma conmoción por la victoria del Brexit, los análisis merecen ser otros.

Se ha hablado del Reino Unido en ACOP 2016, la victoria del “LEAVE” ha sido parte del interés del congreso bianual de la asociación, que convocó en Bilbao a decenas de ponentes, europeos y norteamericanos, que han aportado distintas visiones académicas y prácticas del uso de la consulta ciudadana.

Entre los invitados, la doctora Susana del Río presentó su libro Europe: Project And Process. Citizens, Democracy y Participation, el cual confieso no lo he leído, pero estuve atenta a su exposición. Del Río, miembro del Comité de Expertos de la Unión Europea, lleva razón cuando habla de los innumerables logros de Europa y sus instituciones. Sin embargo, ante los miedos de un futuro de una Unión que se divide y pierde miembros, su alternativa expuesta fue: “Creo que la democracia es representativa y participativa, los ciudadanos no deben elegir el futuro de las naciones, necesitan de sus representantes”. En definitiva, preguntar a los ciudadanos en formato referéndum fue y será un error.

Soy consciente de que esta tesis es ampliamente defendida por muchos. Leyendo a Luis Arroyo en una publicación en Info Libre, encontré algo similar, en la línea de lo que escucho y leo en no pocos debates políticos, británicos y españoles, sobre el contemporáneo exceso de confianza en el conocimiento ciudadano sobre qué les es conveniente.

Pero disiento. Ahora que vienen las elecciones norteamericanas citaré a Thomas Jefferson: “La democracia no es más que el gobierno de las masas, donde un 51% de la gente puede lanzar por la borda los derechos de otro 49%”. Y es parte del juego.

Anne Gregory, profesora de comunicación corporativa de la Universidadd de Huddersfield en el Reino Unido, explicó cómo el resultado del referéndum es la exhibición del desencanto de las pequeñas ciudades inglesas, una queja sobre otros temas que no están ligados a Europa, sino son más bien domésticos. Gregory insistió en la falta de práctica ciudadana, “¿Cuántos referendos ha habido en el Reino Unido? Sólo tres. Se desconoce su trascendencia”. A su vez, me confesó que cree que hubo un fallo de cálculo al lanzar esta pregunta sin una campaña de pedagogía sobre los beneficios de Europa. Se abordaron temas que no están whatsoever conectados con el continente, con lo cual, dejar que el desconocimiento vote ha sido un riesgo innecesario.  

“That’s not the way of reading the results”, “No es la manera de leer los resultados”, me decía el profesor de comunicación política en la Universidad de Leeds e investigador de Oxford Stephen Coleman, al preguntarle sobre su opinión ante la alternativa de Susana del Río de más confianza y delegación en la democracia representativa. Inglaterra habló y mostró su descontento, existe. Ahora, ¿cómo lo solucionamos?

Este referéndum fue concebido estratégicamente, la campaña de las elecciones nacionales en el Reino Unido estuvo protagonizada por un partido xenófobo y nacionalista como el UKIP, cuyo líder prácticamente sólo hablaba de la imperiosa necesidad de salir de Europa, tanto que al conseguir el Brexit ha dimitido con un “I have done my bit”. Nigel Farage logró marcar la agenda de aquellas elecciones y David Cameron ganó la confianza de los votantes al convocarles a las urnas para escuchar los sentimientos antieuropeistas, si los había, una vez le reeligieran.

“La Democracia es el único país donde quiero vivir” con esta frase finalizó su intervención en ACOP2016 Roy Campos, el presidente de Consulta Mitofsky en México. Y atendiendo a su exposición, más democracia es más participación y más ciudadanos implicados en ella, de lo contrario, ahora en mi opinión, volveremos al muy europeo despotismo ilustrado de “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”, que es lo que resuena en mi cabeza cada vez que alguien acude al miedo hacia el futuro cuando lo dejamos en manos de los ciudadanos.



Que sobreviva Europa es una cuestión de oídos.
 Los ciudadanos quieren escuchar los beneficios de las macro instituciones, ¿de qué han servido estas décadas de proyecto? Y a su vez, que sean escuchadas sus incertidumbres.

Recordaba el profesor Coleman en su conferencia que la democracia está en un estado de transición y formulaba el reto del mundo globalizado: “¿cómo devolvemos la confianza en el poder político al ciudadano que sabe la falta de control sobre los asuntos nacionales?”

Recordemos los clamores del 15M, de Occupy Wall Street y otros movimientos globales: “No nos representan”, lo que es impreciso, sí lo hacen, ocupan escaños y legislan en Madrid, Westminster o Bruselas, lo hacen por cada uno de nosotros a diario, sólo que no escuchan.

“So might the Brexit crisis possibly contribute to some kind of process of political renovation and reimagination here?” Entonces, ¿podría la crisis del Brixit contribuir a algún tipo de proceso político de renovación y re imaginación? Cuestiona Linda Colley en un artículo este domingo en The Guardian, en la tarea de analizar qué hay que mejorar tras los resultados. Debería. Y deberíamos enfrentarnos cuanto antes al debate de la renovación.

De las palabras más escuchadas en los últimos días en Bilbao por académicos y consultores ha sido “listen”, como subrayaba Vilma Luoma-Aho, profesora de la Universidad de Jyväskylä, en Filandia. Hay que escuchar, escuchar más y al hablar no mentir: “Don’t lie”.

En definitiva, y volviendo a Jefferson en “Cuando se asume un cargo público debe considerarse a sí mismo como propiedad pública”. El Brexit debe leerse asumiendo el reto de conexión y escucha ciudadana que la política y la democracia tienen por delante, con más participación. Es el momento de aceptar que el futuro será complejo y deberá incluir a todas las partes. Si los Estados europeos entienden tras el referéndum británico que la alternativa es no preguntar a sus ciudadanos por miedo a los resultados, es muy probable que se equivoquen. Cameron tenía que haber escuchado mucho antes y mucho más los clamores del país que dirige y habría entendido por qué surge UKIP y acaba en un Brexit. Es una cuestión de oídos. 

Este es el desafío europeo, retomar los valores de la democracia y actualizarlos, adaptarlos escuchando a todos los actores de este nuevo ciclo. 

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4 thoughts on “ Brexit y cómo un referéndum desafía la democracia

  1. Interesante artículo, muchas opiniones sobre el “Brexit” y cada una nos aporta algo nuevo. Me ha llamado la atención que menciones el “Despotismo Ilustrado”, creo que a veces parece “llamar a nuestra puerta de nuevo”. Respecto a la Democracia Española, algo se nos perdió por el camino, muchos cambios se quedaron en el tintero y ahora parece que estamos en “stand by” mientras las oportunidades y soluciones nos pasan de largo… “There’s no game like politics game”…
    Saludos cordiales.

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    1. Gracias María. Estamos en pleno proceso de transformación. Aprendiendo del presente que no deja de sorprendernos.
      Saludos;)

      Liked by 1 person

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