Otra vez con la sangre de Londres

Otra vez con la sangre de Londres

Horror, caos, sangre, sirenas, gritos de policías y números de víctima que crecen. Veo la CNN donde invitan a expertos en terrorismo, periodistas que viven en Londres, profesores universitarios que conocen el Islam, y escuchan a vecinos de London Bridge que describen cómo la noche del sábado 3 de junio en la capital inglesa se convirtió de nuevo en noticia por ser la protagonista de un ataque terrorista. No hay concenso en las opioniones. La BBC sigue en directo contándolo “todo”.

En Twitter se repiten los mensajes de condena. La policía metropolitana actualiza los datos y ya van 7 muertos. Concretan que llegaron a la escena en ocho minutos tras la primera llamada de emergencia. En Facebook se reza por Londres. En Youtube se cuelgan los videos de los que se atrevieron a darle al “rec”:

Eran tres. Una camioneta. Amenzaba uno de ellos con un cuchillo grande y rojo, dice una testigo del restaurante en el que también entraron. Hay más de sesenta heridos. La Primera Ministra y el líder de la oposición tienen listas sus declaraciones vacuas en medio del periodo electoral. Trump vocifera su respuesta de más control aeroportuario para los que vienen de países musulmanes. Se enfrenta al alcalde de Londres, quien pide  que no multipliquemos las alarmas del terror, pero el presidente norteamericano afirma que hay que parar lo politicamente correcto para trabajar en la seguridad de los ciudadanos: “We must stop being politically correct and get down to the business of security for our people”.

London Bridge como escenario. Cuando vi la primera alarma de la BBC di un salto en la cama: ¿otro ataque, tras Manchester, en medio de las elecciones? ¿qué está haciendo el MI5? y en nada Theresa May culpa a los dueños de las redes sociales por no compartir información. Tirando balones fuera.

No puedo contar esta vez lo que no vi con ojos de periodista. No estaba anoche en Londres. Sólo puedo contarles que me siento como todos los ciudadanos del mundo, desilusionada con el planeta en el que vivimos. No sé cuáles son las medidas a tomar, pero no deben ser anti-islam, deberán ser antiterroristas y esto debe quedar extremadamente claro en cada mensaje, en cada acción que se tome. El odio sólo genera más odio. Pero necesitamos a una comunidad musulmana implicada.

Las últimas semanas, tras el ataque de Manchester, periodistas y políticos han debatido si la condena en las mezquitas, por los ciudadanos que simplemente creen en las escrituras  de Mahoma, y los imanes que tienen capacidad de influir en la comunidad musulmana, es lo suficiente clara y condenatoria contra la barbarie del terrorismo fundamentalista. Mi percepción es que hay mucho más por hacer. Estoy absolutamente convencida del dolor que supone para la gran mayoría de los musulmanes estos actos de radical violencia, pero el mundo necesita saberlo y convencerse de que así es, los medios deben representar, abriendo ventanas de difusión, a todos los que condenan desde el Islam;  los jóvenes que recluta ISIS deben escuchar y experimentar el rechazo, público, de musulmanes que dicen NO, que defienden creer que el Corán no va de esto. Yo echo de menos eso.

Piers Morgan on Daily MailEl periodista británico Piers Morgan escribió en el Daily Mail el 25 de mayo un artículo que recomiendo sobre todo lo que se sabía sobre Salman Abedi, y cómo aún así logró perpetrar su atentado contra los jóvenes inocentes que fueron al concierto de Ariana Grande. No fueron suficientes todas las alarmas. http://www.dailymail.co.uk/news/article-4542444/US-leaks-annoying-blame-lies-closer-home.html. 

El mundo está desconcertado. El terrorismo nos ha superado. Han vuelto a lanzar su mensaje anti-occidente. Esta vez, de nuevo, con la sangre de Londres.

Fracaso. O el viaje de las grandes expectativas 

Fracaso. O el viaje de las grandes expectativas 

Faltan 4 horas para llegar a Bogotá, me levanto a tomar agua y coger algo de fruta. Hay un señor de unos 70 años estirando las piernas, le acompaña una mujer joven que podría ser su hija. Observé sus pies con calcetines verdes y la mirada serena, en silencio, matando el tiempo cuando ya ha oscurecido y sólo brillan entre los pasillos las pantallas individuales que ofrecen películas y series de televisión. Vuelvo al asiento y pienso en papá y mamá, en cómo pasarían un viaje tan largo en este momento, cuando me doy cuenta de que existe la posibilidad de que no haya más viajes de doce horas para ellos.

El tiempo, el paso del tiempo, su velocidad gongorina, tan lenta cuando el futuro parece infinito, tan rauda cuando el futuro no es parte de ningún plan. El tiempo, el inasible testigo de cuantos dolores preceden a este momento, los nuestros, los de otros. La felicidad siempre en un frasquito transparente de tapa de plata, guardando los diamantes de una vida, hermética,  para que no les entren los peros.

Vuelvo a papá. Me apetece preguntarle si en el caso de no poder viajar de nuevo atravesando el Atlántico se sentiría fracasado. Imagino las posibles respuestas. Las genuinamente reales y las que sortean la pregunta, porque no es cómodo hacer ese otro viaje a la verdad, ni fácil. ¿Cuándo hemos fracasado? ¿En qué momento decidimos que vale la pena etiquetar una decisión, una experiencia, una vida o un trocito de ella como un fracaso?

Yo también hice mi lista de cosas que hacer antes de morir, y sin tener ni idea de cuánto me queda, sin llegar a los 40, ya algunas las marqué y les puse la etiqueta de “low importance”. No aprenderé cuatro idiomas, no veré 100 países, intuyo que ya no viviré seis meses en Nueva York o en Cuba, probablemente no haré el periplo del Ché en bicicleta, nunca quise leer una lista de mil libros que hay que leer, pero ahora dudo de poder acabar mi doctorado. Correr medio maratón empieza a hacerse cuesta arriba (no imposible) pero tener las piernas de Gwyneth Paltrow ya no pasa ni en mis sueños. Ya calculé que es muy improbable que le cuente cuentos a un puñado de nietos, porque si mis futuros hijos decidieran ser padres a mi edad, yo seré una señora de vista limitada y cansancio atroz de casi 90 que preferirá contarles historias reales de cómo la vida se va en un soplo. ¿Habré entonces fracasado?

Henry Miller en su libro “The World of Sex” escribió: “The dinosaur had has his day for ever. The caveman had his day and is no more. The ancestors of the present race still linger on, despised, neglected, but not yet buried. They are all reminders – of things that were and of things to come. They too had their dreams, dreams from which they never awakened. (…) The Eden of the past is the utopia of the future. Between stretches the endless present, the now, in which things are the way they are, and just because it is thus and not otherwise we have all we desire, all we need, like the fish in the ocean… (…) and is that not enough?”*

Debería llamar a abuela antes de publicar este post. Casi estoy segura de que en su vida sencilla y llena de esfuerzos, con 86 años de perspectiva, no ha habido espacio para el sentimiento agrio del fracaso. Ni del éxito. Ambos atormentadores, tan subjetivos, tan vacuos, tan innecesarios.

Recuerdo la tan reconfortante como conformista escena final de Great Expectations, cuando Ethan Hawke y Gwyneth Paltrow se encuentran un día cualquiera del futuro en la terraza del paraíso en Florida para pasar página y sincronizar todas las esperanzas.

Creo que alguien nos debería despertar del sueño nocivo de las grandes expectativas.

*”El dinosaurio tuvo su día para siempre. El hombre de las cavernas tuvo su día y ya no lo tendrá más. Los antepasados de la raza actual todavía persisten, despreciados, descuidados, pero aún no enterrados. Todos son recordatorios – de las cosas que eran y de las cosas por venir. Ellos también tenían sus sueños, sueños de los que nunca despertaron. (…) El Edén del pasado es la utopía del futuro. Entre los estiramientos el presente sin fin, el ahora, en el que las cosas son como son, y sólo porque es así y no de otra manera tenemos todo lo que deseamos, todo lo que necesitamos, como los peces en el océano … (…) y es así  ¿no es suficiente?”

Después del terror en Westminster

Después del terror en Westminster

El pasado 22 de marzo la ciudad de Londres volvía a estremecerse por el ataque terrorista de un ciudadano británico, Khalid Masood, que acabó con la vida de cinco inocentes que paseaban por el puente de Westminster, entre ellos un policía desarmado.

Siendo parte de esta ciudad, tuve la oportunidad de contarlo humildemente para algunos medios españoles. Este post es sólo un resumen de algunas de esas colaboraciones.

Mi agradecimiento más honesto a todos los que me llamaron para que lo contara y para los que sólo querían saber si estábamos bien, pese a todo.

Radio Televisión Española:

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Diario de Avisos:
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Cope Radio con Mayer Trujillo:

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CDMX – Día 2: muros

CDMX – Día 2: muros

De los mexicanos se dice en el resto de América Latina que tienen el acento neutro, y escuchándoles he retomado mi viejo debate interno sobre todas las intolerancias, como las lingüísticas.

México tiene acento. No uno, muchos acentos. Como ocurre en España, Reino Unido o Estados Unidos. El señor del kiosco ambulante no me habla como el director de la Universidad Panamericana, y la joven que me saluda en la recepción de una agencia, usando el mismo español, no se parece a ninguno de los otros dos.
Alguien me decía que se ha puesto de moda un modo de hablar “cool” muy distintivo entre la gente bien y, por extensión, muchos lo adoptan, como ocurre con la R.P (Received Pronunciation) en Inglaterra, o con la imitación del vallisoletano porque se considera que está exento de cantaleta. Percibo que el muchacho del Uber que me lleva a Colonia Nápoles tiene algo de esa entonación. Le pregunto por sus cotidianidades y, voilá!  ahí aprovechó para contarme su historia universitaria y de su empresa, y sus fines de semana en los “antros” de la zona “nice” de la Ciudad… en definitiva, que quede claro que no es un conductor de Uber.

El catedrático de la voz Vicente Fuentes me entrenaba para neutralizar mi acento mientras trabajaba en la radio, y yo me quejaba de lo absurdamente difícil que me parecía. Me apuntaba habitual y certeramente: “A ti te arrulla el Atlántico, es lógica la desconexión con Castilla”. Hoy lo recuerdo como una anécdota pero, desde entonces, observo con desazón todos los muros construidos artificialmente para diferenciarnos e igualarnos/neutralizarnos.

Identificamos lo distinto. Etiquetamos. Rechazamos. Tememos. Aceptamos.

Hoy he visto barrios populares, casas chiquitas de paredes viejas que se agolpan las unas a las otras en calles de negocios familiares, desde la cerrajería al cirujano. Se anuncian con carteles de colores intensos en letras dibujadas con brocha gorda y casi siempre fuera, en las aceras hay una o dos sillas. En medio del caos la imagen de una virgen rodeada de banderitas rojas y blancas, luces de colores y, en sus pies, hay una ofrenda, una bandeja de postres.

A tan sólo unos metros están las viviendas de tres o cuatro pisos, blancas, con balcones intransitados desde donde se ve un jardín que tiene su valla de matas geométricamente cortadas delimitando el espacio entre vecinos, que a su vez, como comunidad, se protegen con otra pared alta que permite no ver más allá de la zona residencial. A tan sólo unos metros.


A los mexicanos y a todos no nos debería exaltar tanto la construcción del muro en la frontera de Trump. Es nuestro día a día levantar barreras limitantes. Impermeables. Yo no soy tú. Cuando lo aceptemos y nos entre la rebeldía con un ataque de tolerancia colectiva, a mí tampoco me dará por sacar fotografías de susto al ver carteles como este:

Es la identidad nacional del lenguaje que evoluciona. Con acento mexicano.

CDMX – México day 1

CDMX – México day 1

4:50 de la mañana, hora de Londres. Me desvelé mientras el resto del avión, aparentemente al menos, dormía. Pegué mi nariz a la ventana fría y allí se quedó inmóvil durante más de quince minutos. Un espectáculo de estrellas blancas y rojas sobre la negra densidad que nos envolvía me robó del todo el sueño. No recordaba ver tanto parpadeo, constelaciones nítidas, un carnaval de tamaños y formas. Intenté capturarlo con mi teléfono pero, afortunadamente, todavía nuestros ojos leen cosas que no puede codificar una pantalla.

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En casa siempre hubo telescopios. Mi padre nos enseñó a admirar el cielo y a poner atención a las noticias de la ciencia y el universo. Casualmente, hoy la NASA ha publicado una verosímil y hermosa. Una estrella cercana que ilumina la vida extraterrestre es posible:

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Más de 20 horas de viaje con escala y finalmente amanecí en Ciudad de México.

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Como Santiago de Chile, Lima o São Paulo, las moles gigantes van haciéndose paso, mientras las edificaciones tradicionales de una ciudad colonial se derrumban o resisten arrinconadas entre avenidas, volviéndose paulatinamente invisibles.

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Es el darwinismo urbano. Se oyen pajaritos mientras los chevrolets esperan en las colas de las avenidas.

Me ha traído a este país la educación superior. Junto con Colombia y Brasil, México es una potencia de estudiantes que miran al exterior para culminar sus carreras. Mi foco, los estudiantes de derecho. Sólo en este país hay 342mil abogados. 8 de los últimos 10 presidentes mexicanos han estudiado leyes. La reputación de sus universidades es transnacional, panamericana. Estos días se discute la Constitución, las dificultades de iniciar una reforma. Pero los periódicos, la radio y la televisión han decidido ocuparlo todo para hablar del muro, Estados Unidos y los migrantes.

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De Latinoamérica siempre me fascina la plática. La región es tan creativa en todos los sentidos, hay tantas inquietudes…

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Y recuerdo durante el baño caliente que me doy al llegar al hotel a Carlos Fuentes y su Diana la Cazadora solitaria. Entre reuniones espero encontrar tiempo para ver la plaza homónima. Conectarme con Frida. Ver murales de Diego Rivera. Tomarme una chela y saborear un mamey que jamás encontraré fresco en Londres.

He visto un bolso de Michael Kors pararse en la taquería. Yo también pedí agua limonada.

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El viaje más profundo se hace siempre dentro de nosotros. La metamorfosis constante. La oruga que sale de su capullo cuando abre los ojos al mundo. A mí me hace grietas lo cotidiano. La belleza de lo que evoluciona tan lento como la especie que somos. Me conmueve el mundo que no cambia. Que ha parado todos los relojes.

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Las fotos del viaje las subiré a: https://www.instagram.com/noemihernandez/

Management y memoria

Management y memoria

150205140944_cerebro_que_se_borra_549x549_thinkstockEs en algún lugar insertado en la base del cerebro donde guardamos todo lo que vamos aprendiendo, en la teoría y en la práctica, donde existe una máquina trenzada, llena de nudos y un tubo de escape, con la que segregamos. Es probable que esa trituradora tenga espacio suficiente en ella para que no tengamos que ponerla en marcha seleccionando esto de aquello, pero por motivos de eficiencia técnica, y percibo que de salud mental, preferimos quedarnos con lo que pensamos que nos es útil.

Reconozco mi escasez de apreciación por las fechas históricas impuestas por profesores que no supieron explicarme el porqué de las cosas, la falta de rencor, no puedo nombrar todos los ríos y afluentes de España, y con frecuencia olvido phrasal verbs que no utilizo. Sin embargo, recuerdo los apellidos de mis compañeros de primaria: Carmen María García Trujillo, Sandra López Regalado, Miguel Pérez Pérez, … Memorizo matrículas de coches que nunca más veré, recuerdo la tabla química, no logro olvidar las caras que un día vi, y podría reconocer a decenas de personas con los ojos cerrados acercándome al lugar de su cuerpo donde se perfuman. ¡Qué cosas! ¿Antes dije ‘lo útil’?

Apuntando en un blog de notas cosas que pondré en práctica la próxima semana con mi equipo, empecé a darme cuenta de la importancia de la memoria en el manejo de las personas, y pensé que esto no lo había leído en ninguna parte así que sería bueno escribirlo para no olvidarme y para que, si alguien que lea este post puede ilustrarme sobre la parte teórica que hasta ahora desconozco, tenga abierta la puerta para hacerlo.

Cada uno de nosotros trae al lugar de trabajo sus previos conocimientos y aprende, evoluciona, mejora, desaprende, para, se autogestiona, se proyecta, encuentra un sitio, anhela otro, espera, se entrega, analiza, permanece o marchaimg_2102. Un manager debería ser capaz de entender  en qué estadío está cada uno de los miembros de su equipo, buscar su lugar dentro de todas las nuevas pirámides de Maslow y motivar desde ahí utilizando esas master class de estilos y métodos en las que ha participado, como todas esas lecturas promovidas por los Business Schools of… para sacar lo mejor de sí mismo como profesional.

Un error común que recojo de la observación es la desmemoria a corto, medio y largo plazo.  No se trata sólo de recordar las horas extras incondicionales que un trabajador ha usado para terminar tareas retrasadas, las aportaciones creativas u operativas que haya ofrecido por el bien del equipo, reconocer la dedicación con actitud positiva, los días que los KPI’s han sido logrados sin esfuerzo o los beneficios que ha generado a la compañía; se trata también de mantener presente de dónde venimos y no olvidar lo que fuimos: el camino recorrido, quiénes nos ayudaron, cómo ascendimos, quiénes nos marcaron, nos inspiraron, a veces incluso todo lo contrario, hasta llegar al puesto en el que estamos. A menudo veo managers incapaces de traer a la memoria sus íntimas aspiraciones personales, sus conversaciones matutinas con el espejo de los sueños y de los malestares,  cuando los miembros del equipo manifiestan los suyos, y veo cómo se obvian con el silencio de los temores más mediocres los halagos y frases constructivas que un día ellos también esperaron de sus “jefes” y hasta potencian comportamientos que en su momento condenaron. Y así, ignorando emociones pasadas, evitando la empatía, se rompe el contrato psicológico del trabajador con la empresa. 

El tema creo que da para mucho más, pero pensemos sobre ello cada uno desde su perspectiva.

Y sobre ese espacio entre el lóbulo temporal, el occipital, la ínsula u otros lugares de nuestro desconocido cerebro donde se halla la memoria, alguien debería explicarnos cómo activarla sin realizar ese ejercicio de segregación que, en tantas ocasiones, nos impide actuar desde lo más humano de nosotros que, en no pocas ocasiones, acaba siendo lo más eficiente y productivo.

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I’m back 

En algún momento entré en todas las dinámicas del emigrante y sólo hice lo necesario para adaptarme a las nuevas rutinas. Recientemente me di cuenta del desperdicio. 

He empezado a meditar, y voy encontrando en el ejercicio algunas respuestas que estaban en pausa, vuelven a ser importantes las preguntas. También he hallado la elegancia de la disciplina. 

(La foto es de un acto del ejército británico de inicios del mes mayo. Corría por Hyde Park y pasaban acompañados de una fanfarria).