Después del terror en Westminster

Después del terror en Westminster

El pasado 22 de marzo la ciudad de Londres volvía a estremecerse por el ataque terrorista de un ciudadano británico, Khalid Masood, que acabó con la vida de cinco inocentes que paseaban por el puente de Westminster, entre ellos un policía desarmado.

Siendo parte de esta ciudad, tuve la oportunidad de contarlo humildemente para algunos medios españoles. Este post es sólo un resumen de algunas de esas colaboraciones.

Mi agradecimiento más honesto a todos los que me llamaron para que lo contara y para los que sólo querían saber si estábamos bien, pese a todo.

Radio Televisión Española:

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Diario de Avisos:
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Cope Radio con Mayer Trujillo:

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CDMX – Día 2: muros

CDMX – Día 2: muros

De los mexicanos se dice en el resto de América Latina que tienen el acento neutro, y escuchándoles he retomado mi viejo debate interno sobre todas las intolerancias, como las lingüísticas.

México tiene acento. No uno, muchos acentos. Como ocurre en España, Reino Unido o Estados Unidos. El señor del kiosco ambulante no me habla como el director de la Universidad Panamericana, y la joven que me saluda en la recepción de una agencia, usando el mismo español, no se parece a ninguno de los otros dos.
Alguien me decía que se ha puesto de moda un modo de hablar “cool” muy distintivo entre la gente bien y, por extensión, muchos lo adoptan, como ocurre con la R.P (Received Pronunciation) en Inglaterra, o con la imitación del vallisoletano porque se considera que está exento de cantaleta. Percibo que el muchacho del Uber que me lleva a Colonia Nápoles tiene algo de esa entonación. Le pregunto por sus cotidianidades y, voilá!  ahí aprovechó para contarme su historia universitaria y de su empresa, y sus fines de semana en los “antros” de la zona “nice” de la Ciudad… en definitiva, que quede claro que no es un conductor de Uber.

El catedrático de la voz Vicente Fuentes me entrenaba para neutralizar mi acento mientras trabajaba en la radio, y yo me quejaba de lo absurdamente difícil que me parecía. Me apuntaba habitual y certeramente: “A ti te arrulla el Atlántico, es lógica la desconexión con Castilla”. Hoy lo recuerdo como una anécdota pero, desde entonces, observo con desazón todos los muros construidos artificialmente para diferenciarnos e igualarnos/neutralizarnos.

Identificamos lo distinto. Etiquetamos. Rechazamos. Tememos. Aceptamos.

Hoy he visto barrios populares, casas chiquitas de paredes viejas que se agolpan las unas a las otras en calles de negocios familiares, desde la cerrajería al cirujano. Se anuncian con carteles de colores intensos en letras dibujadas con brocha gorda y casi siempre fuera, en las aceras hay una o dos sillas. En medio del caos la imagen de una virgen rodeada de banderitas rojas y blancas, luces de colores y, en sus pies, hay una ofrenda, una bandeja de postres.

A tan sólo unos metros están las viviendas de tres o cuatro pisos, blancas, con balcones intransitados desde donde se ve un jardín que tiene su valla de matas geométricamente cortadas delimitando el espacio entre vecinos, que a su vez, como comunidad, se protegen con otra pared alta que permite no ver más allá de la zona residencial. A tan sólo unos metros.


A los mexicanos y a todos no nos debería exaltar tanto la construcción del muro en la frontera de Trump. Es nuestro día a día levantar barreras limitantes. Impermeables. Yo no soy tú. Cuando lo aceptemos y nos entre la rebeldía con un ataque de tolerancia colectiva, a mí tampoco me dará por sacar fotografías de susto al ver carteles como este:

Es la identidad nacional del lenguaje que evoluciona. Con acento mexicano.

CDMX – México day 1

CDMX – México day 1

4:50 de la mañana, hora de Londres. Me desvelé mientras el resto del avión, aparentemente al menos, dormía. Pegué mi nariz a la ventana fría y allí se quedó inmóvil durante más de quince minutos. Un espectáculo de estrellas blancas y rojas sobre la negra densidad que nos envolvía me robó del todo el sueño. No recordaba ver tanto parpadeo, constelaciones nítidas, un carnaval de tamaños y formas. Intenté capturarlo con mi teléfono pero, afortunadamente, todavía nuestros ojos leen cosas que no puede codificar una pantalla.

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En casa siempre hubo telescopios. Mi padre nos enseñó a admirar el cielo y a poner atención a las noticias de la ciencia y el universo. Casualmente, hoy la NASA ha publicado una verosímil y hermosa. Una estrella cercana que ilumina la vida extraterrestre es posible:

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Más de 20 horas de viaje con escala y finalmente amanecí en Ciudad de México.

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Como Santiago de Chile, Lima o São Paulo, las moles gigantes van haciéndose paso, mientras las edificaciones tradicionales de una ciudad colonial se derrumban o resisten arrinconadas entre avenidas, volviéndose paulatinamente invisibles.

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Es el darwinismo urbano. Se oyen pajaritos mientras los chevrolets esperan en las colas de las avenidas.

Me ha traído a este país la educación superior. Junto con Colombia y Brasil, México es una potencia de estudiantes que miran al exterior para culminar sus carreras. Mi foco, los estudiantes de derecho. Sólo en este país hay 342mil abogados. 8 de los últimos 10 presidentes mexicanos han estudiado leyes. La reputación de sus universidades es transnacional, panamericana. Estos días se discute la Constitución, las dificultades de iniciar una reforma. Pero los periódicos, la radio y la televisión han decidido ocuparlo todo para hablar del muro, Estados Unidos y los migrantes.

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De Latinoamérica siempre me fascina la plática. La región es tan creativa en todos los sentidos, hay tantas inquietudes…

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Y recuerdo durante el baño caliente que me doy al llegar al hotel a Carlos Fuentes y su Diana la Cazadora solitaria. Entre reuniones espero encontrar tiempo para ver la plaza homónima. Conectarme con Frida. Ver murales de Diego Rivera. Tomarme una chela y saborear un mamey que jamás encontraré fresco en Londres.

He visto un bolso de Michael Kors pararse en la taquería. Yo también pedí agua limonada.

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El viaje más profundo se hace siempre dentro de nosotros. La metamorfosis constante. La oruga que sale de su capullo cuando abre los ojos al mundo. A mí me hace grietas lo cotidiano. La belleza de lo que evoluciona tan lento como la especie que somos. Me conmueve el mundo que no cambia. Que ha parado todos los relojes.

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Las fotos del viaje las subiré a: https://www.instagram.com/noemihernandez/

Management y memoria

Management y memoria

150205140944_cerebro_que_se_borra_549x549_thinkstockEs en algún lugar insertado en la base del cerebro donde guardamos todo lo que vamos aprendiendo, en la teoría y en la práctica, donde existe una máquina trenzada, llena de nudos y un tubo de escape, con la que segregamos. Es probable que esa trituradora tenga espacio suficiente en ella para que no tengamos que ponerla en marcha seleccionando esto de aquello, pero por motivos de eficiencia técnica, y percibo que de salud mental, preferimos quedarnos con lo que pensamos que nos es útil.

Reconozco mi escasez de apreciación por las fechas históricas impuestas por profesores que no supieron explicarme el porqué de las cosas, la falta de rencor, no puedo nombrar todos los ríos y afluentes de España, y con frecuencia olvido phrasal verbs que no utilizo. Sin embargo, recuerdo los apellidos de mis compañeros de primaria: Carmen María García Trujillo, Sandra López Regalado, Miguel Pérez Pérez, … Memorizo matrículas de coches que nunca más veré, recuerdo la tabla química, no logro olvidar las caras que un día vi, y podría reconocer a decenas de personas con los ojos cerrados acercándome al lugar de su cuerpo donde se perfuman. ¡Qué cosas! ¿Antes dije ‘lo útil’?

Apuntando en un blog de notas cosas que pondré en práctica la próxima semana con mi equipo, empecé a darme cuenta de la importancia de la memoria en el manejo de las personas, y pensé que esto no lo había leído en ninguna parte así que sería bueno escribirlo para no olvidarme y para que, si alguien que lea este post puede ilustrarme sobre la parte teórica que hasta ahora desconozco, tenga abierta la puerta para hacerlo.

Cada uno de nosotros trae al lugar de trabajo sus previos conocimientos y aprende, evoluciona, mejora, desaprende, para, se autogestiona, se proyecta, encuentra un sitio, anhela otro, espera, se entrega, analiza, permanece o marchaimg_2102. Un manager debería ser capaz de entender  en qué estadío está cada uno de los miembros de su equipo, buscar su lugar dentro de todas las nuevas pirámides de Maslow y motivar desde ahí utilizando esas master class de estilos y métodos en las que ha participado, como todas esas lecturas promovidas por los Business Schools of… para sacar lo mejor de sí mismo como profesional.

Un error común que recojo de la observación es la desmemoria a corto, medio y largo plazo.  No se trata sólo de recordar las horas extras incondicionales que un trabajador ha usado para terminar tareas retrasadas, las aportaciones creativas u operativas que haya ofrecido por el bien del equipo, reconocer la dedicación con actitud positiva, los días que los KPI’s han sido logrados sin esfuerzo o los beneficios que ha generado a la compañía; se trata también de mantener presente de dónde venimos y no olvidar lo que fuimos: el camino recorrido, quiénes nos ayudaron, cómo ascendimos, quiénes nos marcaron, nos inspiraron, a veces incluso todo lo contrario, hasta llegar al puesto en el que estamos. A menudo veo managers incapaces de traer a la memoria sus íntimas aspiraciones personales, sus conversaciones matutinas con el espejo de los sueños y de los malestares,  cuando los miembros del equipo manifiestan los suyos, y veo cómo se obvian con el silencio de los temores más mediocres los halagos y frases constructivas que un día ellos también esperaron de sus “jefes” y hasta potencian comportamientos que en su momento condenaron. Y así, ignorando emociones pasadas, evitando la empatía, se rompe el contrato psicológico del trabajador con la empresa. 

El tema creo que da para mucho más, pero pensemos sobre ello cada uno desde su perspectiva.

Y sobre ese espacio entre el lóbulo temporal, el occipital, la ínsula u otros lugares de nuestro desconocido cerebro donde se halla la memoria, alguien debería explicarnos cómo activarla sin realizar ese ejercicio de segregación que, en tantas ocasiones, nos impide actuar desde lo más humano de nosotros que, en no pocas ocasiones, acaba siendo lo más eficiente y productivo.

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I’m back 

En algún momento entré en todas las dinámicas del emigrante y sólo hice lo necesario para adaptarme a las nuevas rutinas. Recientemente me di cuenta del desperdicio. 

He empezado a meditar, y voy encontrando en el ejercicio algunas respuestas que estaban en pausa, vuelven a ser importantes las preguntas. También he hallado la elegancia de la disciplina. 

(La foto es de un acto del ejército británico de inicios del mes mayo. Corría por Hyde Park y pasaban acompañados de una fanfarria).

Buena suerte, Marcial

No sé cómo es Marcial, pero le imaginé flaco, de esa delgadez impuesta por meses de nervios y tensiones acumuladas que cierran el estómago. Pensé que llevaría barba de varios días, porque uno cuando no tiene la autoestima alta se abandona; con más canas que hace un año, mi espejo dice que va ocurriendo de esa manera desde que un período de estrés me sorprendió sin predicción, las ojeras violáceas de no dormir, el mentón bien marcado, hablándome con los ojos opacos de haber perdido la ilusión, pero bien abiertos para poder escucharlo todo, como un reflejo de lo que están haciendo los oídos que quieren captar cada detalle, cada sílaba, cada fonema.

-¿Es usted española verdad?

– Por su acento veo que usted también, pensaba que sería peruano, ¿qué hace en Lima?

– Vine hace un año, era constructor en Madrid, pensé que aquí habría trabajo, decidí venirme tras vender la casa y todo lo que tenía. No he conseguido trabajo desde que llegué, no es tan fácil como imaginaba y quiero seguir dándole buena educación y un futuro a mis hijos. Se me agota el dinero y pensé que ustedes podrían ayudarme. ¿Qué cree que debería hacer? Pensé que Australia o Nueva Zelanda serían opciones pero la visa es cara, y la posibilidad de quedarme remota. ¿Qué me aconseja? Lo que me diga, hago…

Se me encogió el estómago. Esta responsabilidad es mayor de la que debo tomar. Una mezcla de empatía y rechazo a acceder a esa tarea  me mantuvieron en silencio durante unos segundos.

– Marcial, usted tiene pasaporte europeo, utilícelo. Sin saber inglés no será fácil pero nunca es tarde para empezar. Venga al Reino Unido, aquí la burbuja inmobiliaria tardará en explotar y quizá haya para usted un hueco.

– ¿Me voy a Londres?

Empecé a googlelear tasas de desempleo, actividad del sector de la construcción, búsquedas de trabajo, y fui mientras dándole conversación para sacar algo más de información.

– ¿Por qué Perú?

– Mi mujer es peruana. Yo pensaba que la vida aquí sería más barata, pero no lo es tanto. Para mí aquí no hay lugar.

– Entiendo. Marcial, hay ciudades más pequeñas y más baratas. Podría empezar aprendiendo inglés en un lugar como Bournemouth o Torquay, trabaje de cualquier cosa y luego pruebe en un lugar más grande, no Londres, es muy cara, compite con demasiada gente que sí sabe inglés y … se gastará sus ahorros en tres semanas.

– ¿Y usted cree que en esas ciudades encuentro de lo mío?

– Bueno, no lo sé. Miremos ciudades al norte, Liverpool tiene más paro que la media del país, Manchester suele acoger a personas cualificadas, sectores de IT, mmm… ¿qué le parece Edimburgo? Es más económica, está al lado de Glasgow, ahí quizá haya mucho más movimiento de la construcción.

– Mmm… Pues no me desagrada.

– Allí yo puedo ofrecerle ayuda de nuestra compañía. (…)

Mantuvimos una conversación, con la voz quebrada Marcial me hacía muchas preguntas sobre la libra, la vida en Reino Unido, las posibilidades de sus hijos de tener una vida con calidad, sobre su mujer y cómo integrarse a la cultura anglosajona, etc. Quedé en llamarle una semana después para que me comentara qué le parecía mi oferta. No me cogió el telefóno. No respondió a mis e-mails.

Hace dos días, tres semanas después de aquel contacto, tuve curiosidad y volví a marcar a Lima. Una mujer tomó la llamada:

– No señorita, Marcial no está.

– ¿A qué hora puedo encontrarlo?

– Él se fue a Escocia, ¿le llaman de la compañía de Londres? ¿es usted Noemi?

– Sí señora, ¿le dejó algún recado?

– Me dijo que no pudo escribirle pero que le diera las gracias. Y yo también, espero que nos vaya bien tras su consejo. Disculpe, no hay dinero para lo que le ofreció.

Colgué y respiré un segundo con la mente en blanco, casi conmocionada, algo entre estupefacta y emocionada.

Marcial, con cuarenta y cinco años empezar de cero no debe ser fácil. Me hubiera gustado decirle que nuestro país no sólo ha dejado irse a mucha gente preparada, sino también a gente valiente que no tiene miedo a comerse el mundo y que desearía poder haberlo dado todo dentro de su casa, España. Usted es uno de ellos, le deseo lo mejor y deseo que un día, mirando hacia detrás, todo ese esfuerzo lo recompense el futuro próspero que verá con y en sus hijos. En nuestra historia de emigración forzosa se han contado grandes hazañas, para mí una de ellas ya es la suya. Ojalá no me haya equivocado en aquella charla.

Mi homenaje a Marcial y a todos aquellos que hoy siguen saliendo de casa con la maleta llena de necesidad y la esperanza perdida en un país que aparenta no tener remedio.

Encontré a Cenicienta en el metro

Había alboroto de más en una de esas estaciones que suelen estar llenas de empleados de oficinas que mientras esperan imaginan sus próximas vacaciones en Tailandia. Avancé hacia donde estaba el tumulto de gente para satisfacer mi curiosidad e, inesperadamente, me tropecé con una joven pareja de recién casados, agasajados por una veintena de invitados y por la apática complicidad de los viajeros habituales de la estación de Baker Street. La novia sostenía su ramo de rosas blancas y rojas y él le apretaba  la mano derecha indicándole que no adelantara el paso que el tren estaba a punto de llegar. 

Cuando Charles Perrault escribió La Cenicienta  (Cendrillon ou La petite pantoufle de verre) seguramente sabía que la historia de la niña pobre, abandonada a su suerte en manos de una madrastra cruel, malvada y tirana (casi como la vida misma) y  rescatada por un príncipe que le pediría matrimonio para así poder convertirla en princesa, era el sueño más compartido de las muchachas que escucharían sus cuentos en la Francia de finales del siglo XVII. Hoy, trescientos años más tarde, aún bajo la influencia del mundo de Disney, que desde 1950 ha popularizado el sueño de Cinderella entre las mujeres occidentales, y en la ciudad más cara del mundo según TripAdvisor, el matrimonio no nos salva de la austeridad, ni siquiera el supuesto día más importante de nuestra vida afectiva.

Fotografía del Círculo Podemos Londres     La austeridad, ese mal que se extiende por el sur europeo y que ahora, mientras una parte de los británicos vive la excitación de una burbuja inmobiliaria que parece perdurar sin riesgo de explotarse, la otra se siente víctima  de ella y sale a la calle para pedir un NO rotundo a los recortes impuestos tanto por Europa como por el gobierno de los tories, y que afectan a sectores tan sensibles como la vivienda  o los trabajos y servicios públicos, subrayando las diferencias.

 “No more Austerity” “No Cuts” o “Bedroom Tax Kills” decían las pancartas de unas cincuenta mil personas que el pasado 21 de junio At Parliament Sq, No more Austeritymarcharon por el centro de Londres convocadas por la Asamblea de la Gente, junto con diferentes partidos y grupos de la izquierda del país, sin mucho eco por los medios de comunicación convencionales, apoyados por figuras tan representativas como Russell Brand o el alcalde de Tower Hamlets, para subrayar la necesidad de reiniciar un cambio en el sistema que aborte la creciente desigualdad, cada vez más obvia. Y no es Piketty manía.

A mediados de junio en una conferencia en el London School of Economics, Thomas Piketty superó todas las expectativas, llenó el aforo previsto y quedaron fuera decenas de estudiantes, economistas, activistas, curiosos y lectores de su libro de 30 pounds que ha abierto el debate sobre un sistema que divide radicalmente la sociedad entre princesas y cenicientas. El economista francés y su libro Capital han conseguido que hablemos de política hablando de economía. La desigualdad no produce crecimiento y, en este siglo XXI, cualquier partido que quiera redistribuir tendría que confiscar la riqueza, no sólo la renta. Demasiado polémico para pasar desapercibido.

¿Y afecta todo esto a los matrimonios?

Estamos en la mayor oleada de bodas desde cuando soldados británicos regresaron de la guerra en 1945. Serán los sociólogos los que nos hagan su lectura cuando pase el plazo necesario para el análisis, pero según los datos publicados las últimas semanas el número de matrimonios en Inglaterra y Gales aumentó en un 5,3 por ciento en 2012 a más de 262. 000 – el más alto nivel durante una década y uno de los mayores incrementos individuales desde principios de 1970, según la Oficina de Estadísticas Nacionales. El análisis del think-tank Fundación Matrimonio concluye que el aumento real podría ser de hasta 11% si se tienen en cuenta las estimaciones sobre el número de parejas que vuelan al extranjero para casarse. Otro dato reseñable es que aumentan elderly-weddinglas bodas entre los mayores de 65 años. El número de hombres entre 65 a 69 años que se casa aumentó un 25% en un solo año, mientras que el número de mujeres en el mismo grupo de edad aumentó en un 21%.  Más de nueve de cada 10 se han casado antes.

Quizá el poder del amor impere en este principio de siglo, pero es lógico que los analistas insistan en reconocer las ventajas del matrimonio en cuanto a las pensiones o para evitar un impuesto como el de la herencia del 40%. La longevidad es otra causa, vivimos vidas más largas y más saludables.

Volviendo a mi pareja de novios en Baker Street. No logré entrar en el mismo vagón, así que no podía parar de preguntarme si alguien les habría cedido el asiento a los novios, si con suerte pudieron sentarse juntos o si sólo uno de ellos atraparía un sitio libre que le sería ofrecido a la novia para que no estropease su traje beige de princesa de cuentos. Había personas mayores entre los acompañantes, cabría la posibilidad de que los pocos lugares libres fueran para ellos y, así,  novia y novio iniciaban la luna de miel con un ejercicio de equilibrio, apretándose las manos, mirándose a los ojos, mimando las flores nupciales y pendientes a no perder la estación de destino, contra la elegante verticalidad de los tacones también beige y la velocidad del metro.

El director de cine documental Doug Block acaba de estrenar en la cadena norteamericana HBO el documental 112 weddings.  El clásico BBC (bodas, bautizos y comuniones) ha sido parte de su oficio y, después de dos décadas de rodar este tipo de ceremonias, los protagonistas de sus películas le cuentan la experiencia del matrimonio con perspectiva. La idea no es nueva pero el tratamiento es atractivo. En una entrevista al director le preguntan si condiciona la celebración de la boda, el gasto o la inversión realizada,  el posterior éxito del matrimonio y, afortunadamente, responde que no,  revela que en el documental  la mayoría de las parejas lamentan haberse gastado tanto dinero en ese día. Las declaraciones me tranquilizan después de haber encontrado a Cenicienta, el mismo día del “Sí, quiero”, en el metro.